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El consumo regular de bebidas azucaradas eleva el riesgo de cáncer de mama en posmenopáusicas

2 de Noviembre de 2018
Medscape.com

Un estudio realizado por el grupo español de investigación CIBEROBN de Medicina Preventiva de Navarra, en España, ha encontrado que un consumo regular de refrescos azucarados se asociaba significativamente a un mayor riesgo de desarrollar en el futuro cáncer de mama en las mujeres posmenopáusicas, según publica la revista European Journal of Nutrition.

El estudio analizó a más de 10.000 mujeres que tuvieron seguimiento durante un periodo medio de aproximadamente 10 años.

En la actualidad existen conocimientos limitados sobre el papel de la dieta y el riesgo de desarrollar cáncer de mama y la mayoría de los alimentos y grupos de alimentos permanece sin estudiar. A pesar del vínculo potencial entre la resistencia a la insulina y el riesgo de cáncer de mama, hay poca evidencia en relación con la asociación entre los factores dietéticos reconocidos como responsables del aumento de la enfermedad. Entre estos alimentos se incluirían carbohidratos, alimentos y bebidas azucaradas.

Recientemente se informó que un mayor consumo de bebidas azucaradas se asocia de manera marginalmente significativa con un aumento de riesgo de cáncer de mama posmenopáusico en una cohorte prospectiva. Pero hasta el momento, ningún otro estudio de cohortes ha replicado este hallazgo.

 
Este trabajo se realizó en el marco del proyecto de Seguimiento Universidad de Navarra, que es un estudio de cohortes prospectivo con varios objetivos. Las participantes son antiguas estudiantes universitarias y el reclutamiento está permanentemente abierto. Se contacta periódicamente, cada dos años, con las participantes, para realizar el seguimiento y registro de datos.

En el proyecto Seguimiento Universidad de Navarra se han reclutado 13.843 mujeres que habían completado el cuestionario en diciembre de 2016. Garantizando un tiempo mínimo de seguimiento de 2 años, además, se incluyeron las mujeres reclutadas antes de marzo de 2014 (n = 13.645). Por otra parte, fueron excluidas aquellas que se perdieron durante el seguimiento (n = 1,286) y las que tenían una historia de cáncer de mama en el punto de partida (n = 102), o bien las que presentaban un consumo energético fuera del rango predefinido permitido de 500 - 3.500 kcal/día (n = 1,345), o que reportaron menopausias precoces antes de los 35 años (n = 199). Por tanto, la muestra final para el análisis del consumo de bebidas azucaradas e incidencia de cáncer de mama incluyó a 10.713 mujeres.

Registro de consumo

Los hábitos dietéticos al inicio del estudio se evaluaron mediante un cuestionario semicuantitativo validado en España, de 136 ítems sobre la frecuencia de consumo alimentario, incluyendo un apartado específico sobre consumo de bebidas azucaradas. Para cada uno de los alimentos había nueve posibles respuestas (nunca/raras veces, 1 - 3 porciones/mes, 1 porción/semana, 2 - 4 porciones/semana, 5 - 6 porciones/semana, 1 porción/día, 2 - 3 porciones/día, 4 -6 porciones/día y más de 6 porciones/día).

Las participantes fueron categorizadas en tres grupos respecto al consumo de bebidas: nunca/raras veces bebían, 0 a 1 porción/semana y > 1 porción/semana. Debido al consumo limitado de bebidas azucarada y como resultó un número muy pequeño de casos, reclasificaron la frecuencia de consumo como nunca/rara vez (< 1 porción/mes) o cualquier consumo regular (≥ 1 porción/mes) y se estratificaron los análisis según el estado menopáusico.

La incidencia de cáncer de mama fue el criterio de valoración primario del estudio. Se preguntó a las participantes si habían tenido un diagnóstico médico de cáncer de mama al inicio del estudio y se evaluó la patología durante el seguimiento. También se les cuestionó sobre la fecha del diagnóstico y se pidió una copia de sus informes médicos, para que un oncólogo capacitado confirmara los resultados. Estos oncólogos entrenados fueron cegados con respecto a las condiciones dietéticas de las participantes. Todos los casos confirmados (n = 100), junto con los diagnósticos de cáncer de mama autoinformados (aún no confirmados) (n = 68) se tuvieron en cuenta para los análisis sobre la probable incidencia (n = 168), aunque el análisis principal se basó únicamente en casos confirmados de cáncer de mama.

La adherencia a la dieta mediterránea se evaluó mediante la puntuación propuesta por Trichopoulou y sus colaboradores, que consiste en una escala de 9 puntos de la dieta mediterránea, que va de 0 a 9 con las puntuaciones más altas que indican una mayor adherencia. Los alimentos que incluye son: verduras, legumbres, frutas y nueces, cereales y pescado, alcohol, carne, productos lácteos y proporción de productos grasos monoinsaturados/saturados. El cuestionario en la línea de base también incluía información sobre las características sociodemográficas de las participantes, antecedentes médicos (enfermedades crónicas prevalentes), relacionados con hábitos de salud, estilos de vida, datos antropométricos y actividad física. Los alimentos altamente procesados se definieron como la cantidad total de los siguientes productos: petit-suisse, cereales de desayuno, batidos, natillas, pudín, helados, patatas fritas, galletas, magdalenas, donuts, croissants, pasteles, churros, chocolates, turrón, mazapán, tartas preparadas, pizza, sopas y cremas instantáneas, margarina, mayonesa, bebidas azucaradas, refrescos dietéticos, jugos de frutas embotellados, carne procesada (jamón cocido, salchicha de cerdo picante, salami, mortadela, paté, morcilla, tocino, hamburguesa, salchichas y bebidas alcohólicas producidas por fermentación, seguidos de una destilación como el whisky, la ginebra, el ron o el vodka.

Resultados

Los principales datos obtenidos de las 10.713 mujeres incluidas en el análisis, según categorías para el consumo total de bebidas azucaradas, se enumeran a continuación. La media de edad de las participantes era de 33 años y el índice de masa corporal medio fue de 22,2 kg/m2 (DE: 3,1). Las participantes de la categoría más alta de consumo total de bebidas azucaradas eran más jóvenes, menos activas físicamente, con un índice de masa corporal más elevado, mayor ingesta energética total, mayor consumo de alimentos altamente procesados, mayor consumo de alcohol, carne, productos lácteos y grasas; por otro lado, un menor consumo de frutas, verduras, pescado y aceite de oliva, así como una menor adherencia a la dieta mediterránea, en comparación con las mujeres que nunca o rara vez consumían bebidas azucaradas.

Se identificó un total de 168 casos probables de cáncer de mama basados en los registros médicos, 100 de ellos recién diagnosticados entre las 106.189 personas-año con seguimiento (seguimiento medio de 10,0 años).

Para la asociación entre el consumo de bebidas azucaradas y la incidencia global confirmada de cáncer de mama, ajustada por edad y para varios factores de confusión dietéticos y no dietéticos, se encontró que un mayor consumo de bebidas azucaradas se asoció con una mayor incidencia de cáncer de mama, aunque esta no fue estadísticamente significativa. Estos resultados no se modificaron cuando contemplaron límites de consumo energético (> percentil 1 y < percentil 99) en los análisis de sensibilidad, cuando excluyeron a las mujeres con probable cáncer de mama (sin confirmación), o cuando se consideró también el resultado incluyendo los casos probables.

Cuando se dividió a las participantes de acuerdo con el estado menopáusico, el consumo regular de bebidas azucaradas en mujeres en la etapa premenopáusica no se asoció con cáncer de mama (HR ajustado: 1,16; IC 95%: 0,66 - 2,07; p = 0,602), en comparación con aquellas mujeres con menor consumo en el modelo total ajustado.

Por otro lado, las mujeres posmenopáusicas con consumo regular de bebidas azucaradas mostraron una incidencia de más del doble de cáncer de mama, (HR ajustado: 2,12; IC 95%: 1,02 - 4,41; p = 0,045) en el modelo total ajustado, en comparación con el modelo posmenopáusico de mujeres de la categoría de menor consumo. En los análisis de sensibilidad, los resultados apenas cambiaron (HR para el consumo de bebidas azucaradas regular frente a nunca/raras veces entre las mujeres posmenopáusicas: 2,12; IC 95%: 1,05 - 4,28; p = 0,037) en el modelo total ajustado cuando adoptamos otros límites de consumo energético.

Carbohidratos simples

La Dra. Estefanía Toledo, una de las autoras del estudio, especialista en Medicina Preventiva de la Universidad de Navarra y codirectora del grupo del CIBEROBN de Navarra, comentó para Medscape en Español: “las características de las mujeres participantes en nuestro estudio son distintas a lo publicado hasta el momento sobre el tema. Las participantes eran más jóvenes y presentaban un menor índice de masa corporal por término medio. Esto apoya la idea de que las bebidas azucaradas también pudieran ser perjudiciales para mujeres con normopeso”.

La Dra. Toledo indica que “las bebidas azucaradas son ricas en carbohidratos simples (sacarosa, fundamentalmente). La particularidad de los refrescos azucarados, en contraposición a otros alimentos también ricos en carbohidratos simples, es que se trata de calorías líquidas. Por tanto, son una fuente extra de calorías, en forma de carbohidratos simples, que se añaden en la dieta y no sustituyen a otros alimentos, además no aportan otros micronutrientes o macronutrientes beneficiosos”.

Respecto a dar continuidad al estudio, la experta en Salud Pública señala: “tenemos la intención de seguir trabajando en esta línea. Por un lado, pretendemos valorar los posibles efectos del consumo de bebidas azucaradas sobre otros desenlaces de salud, así como estudiar otras determinantes nutricionales que se pudieran asociar al riesgo de desarrollar cáncer de mama. Nuestra línea de investigación la realizamos fundamentalmente con el Proyecto Seguimiento Universidad de Navarra y con el ensayo PREDIMED. Además, estos resultados aportan una nueva evidencia para apoyar estrategias de Salud Pública dirigidas a disminuir el consumo de bebidas azucaradas a nivel de la población”.

Por su parte, el Dr. Álvaro Rodríguez-Lescure, vicepresidente de la Sociedad Española de Oncología Médica, señaló a Medscape en Español que “el estudio concluye que existe una asociación entre la ingesta regular de bebidas azucaradas y el cáncer de mama. Se sumaría a otros estudios de diseño y corte parecido en los que se encuentra una asociación similar. En general, hay un acuerdo aceptado de que las dietas con sobrecarga de azúcar son un factor de riesgo para varios tipos de cáncer, no solo el de mama. Existen mecanismos que explican este efecto, en general, basados en la generación de estados de hiperinsulinismo y resistencia a la insulina, con generación de factores de crecimiento de tipo insulínico que actúan como factores de crecimiento para las células tumorales, además de variar el perfil hormonal, e incluso incrementar la densidad mamaria”. 

La cuestión principal es que “aun cuando exista una asociación estadística, esto no implica necesariamente causalidad. Puede que las bebidas azucaradas sean un factor de riesgo para desarrollar cáncer de mama, pero también es posible que lo sean porque se asocian a otros factores causales relacionados con hábitos que incluyen la dieta o la cantidad de ejercicio físico que se realiza. En este caso, la ingesta de bebidas azucaradas puede asociarse a dietas muy calóricas, a obesidad o a sedentarismo, o bien a otros factores desconocidos o no tenidos en cuenta. Suele ilustrarse esta situación con el ejemplo típico de que llevar un mechero en el bolsillo se asocia con cáncer de pulmón y eso no implica que el mechero por sí mismo sea la causa del cáncer”. 

El Dr. Rodríguez-Lescure señala que, en todo caso, “hay muchos datos en la literatura que aconsejan limitar la ingesta de bebidas azucaradas por muchos motivos de salud, no solo por un supuesto riesgo mayor de desarrollar cáncer, sino por otros riesgos metabólicos y cardiovasculares potenciales. En ese sentido, se refuerza la recomendación sobre limitar su ingesta, pues la regularidad en la misma no se puede considerar saludable”.

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