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Ultrasound Evaluation of Lip Anatomy and Filler Placement: A Cross-Sectional Study of Injection Accuracy, Migration, and Demographic Variation
Se han analizado mediante ecografía de alta frecuencia la anatomía de los labios y la distribución de los rellenos de ácido hialurónico en 126 participantes, 52 previamente tratados y 74 sin antecedentes de aumento labial. El estudio midió el espesor de las distintas capas, las glándulas submucosas y la posición del material, relacionando los hallazgos con la técnica de inyección y las características demográficas.
Los pacientes tratados mostraron mayor grosor del tejido conectivo y de la porción periférica del músculo orbicular. La capa subcutánea resultó muy delgada, generalmente inferior a 1 mm, lo que explica la frecuente localización intramuscular del relleno, incluso cuando se pretendió una colocación superficial. La dispersión del producto se observó en el 52% de los tratados y fue significativamente más frecuente con técnicas verticales que con las horizontales, asociándose además con depósito más profundo, afectación de múltiples planos e hipervascularización.
El estudio también identificó variaciones anatómicas relacionadas con sexo, edad, índice de masa corporal y origen étnico. Aunque su diseño transversal impide establecer causalidad, los resultados refuerzan la utilidad de la ecografía en casos complejos, retratamientos y complicaciones, y apoyan una planificación individualizada basada en la anatomía real y no únicamente en referencias externas.
Acute neurophysiologic effects of botulinum toxin type A intramuscular injection on extensor digitorum brevis muscle in healthy adults
En este artículo hacen una observación curiosa desde un departamento de neurofisiología en pacientes con espasticidad y es que en pacientes sanos la inyección de toxina botulínica, dos tipos de toxina, la onabotulinumtoxinA y la incobotulinumtoxinA, producen la aparición de reducción del potencial motor en un músculo del pie durante las primeras 4 horas que puede extenderse hasta las 24 horas, cuando sabemos que la respuesta de pérdida de fuerza por efecto de la toxina se produce habitualmente a las 48 horas de la inyección.
