Tratamiento de un nódulo
tras relleno de labios. Caso clínico
Case report
Introducción
Los avances en los rellenos dérmicos han revolucionado el campo de la medicina estética, proporcionando alternativas mínimamente invasivas para restaurar volúmenes perdidos y redefinir contornos faciales1. No obstante, existen complicaciones que siguen siendo un desafío clínico, cómo la aparición de nódulos inflamatorios2. Aunque poco frecuente, tienen implicaciones significativas para la satisfacción del paciente cuando los resultados obtenidos no son los esperados; estas complicaciones también representan una carga adicional para los profesionales, que buscan equilibrar seguridad y efectividad en sus tratamientos2.
Los nódulos inflamatorios se caracterizan por ser bultos localizados y firmes que suelen aparecer semanas o meses después de la inyección del relleno, presentándose con o sin dolor añadido2,3. A diferencia de las complicaciones inmediatas, estas complicaciones tardías son generalmente atribuidas a reacciones inmunológicas desencadenadas por el material del relleno o contaminantes externos2‑4. Factores como la formación de biofilms, reacciones de hipersensibilidad retardada y estímulos inmunitarios externos, como infecciones, influyen en el desarrollo de dichos nódulos2,3. Clínicamente, suelen manifestarse con inflamación localizada, dolor y enrojecimiento, características que pueden ser confundidas fácilmente con infecciones o granulomas, subrayando la necesidad de un diagnóstico preciso y oportuno2,3.
El enfoque personalizado es clave en el manejo de los nódulos inflamatorios; el tratamiento inicial a menudo implica estrategias conservadoras, como corticosteroides orales o intralesionales para reducir la inflamación5,6. En las complicaciones en las que está involucrado el ácido hialurónico (AH) como material de relleno, la aplicación de hialuronidasa es el método más adecuado de tratamiento, ya que permite disolver el material y aliviar los síntomas de manera efectiva3‑7. En casos más refractarios, la evidencia emergente sugiere el posible papel de terapias antiinflamatorias o inmunomoduladoras5. Es preciso subrayar que, ante una complicación o efecto adverso, el diagnóstico preciso y una intervención oportuna son claves para prevenir complicaciones adicionales.
La prevención es esencial para reducir la incidencia de nódulos inflamatorios. Esto incluye la aplicación estricta de técnicas de inyección estériles, selección de productos de alta calidad que cuenten con especificaciones técnicas adecuadas por parte del fabricante y, por último, haber realizado la obligada historia clínica y una evaluación minuciosa de los pacientes antes del tratamiento; todos son procedimientos básicos para evitar posibles complicaciones4,5.
Además, se debe educar a los pacientes sobre los cuidados posteriores al procedimiento, instruyéndolos en no manipular las zonas tratadas, realizar una adecuada higiene de manos y prestar atención ante cualquier signo de alarma para ponerse en contacto con el médico que ha efectuado el tratamiento. Todo ello permitirá una identificación temprana de posibles complicaciones, lo que sin duda redundará en minimizar los riesgos efectos adversos.
El objetivo de presentar este caso es describir el tratamiento exitoso de un nódulo de aparición tardía mediante la aplicación de hialuronidasa intralesional y corticosteroides orales.
Caso clínico
Se presenta una paciente de 27 años, sin antecedentes clínicos de interés, a la que se le realizó un tratamiento de relleno con AH en los labios. El AH aplicado era de baja G’ y su finalidad era corregir una asimetría labial (Hyalus® soft, Belladama Aesthetics, España). Dos semanas más tarde la paciente acudió a la consulta, y durante la evaluación clínica, se observó la presencia de un nódulo firme al tacto localizado en el tubérculo del hemilabio superior derecho que elevaba el pilar de la columna del filtro ipsilateral, con edema alrededor y coloración levemente violácea (Figura 1). No se identificaron signos que sugirieran una posible infección ni tampoco una posible compresión vascular, habida cuenta de que la inyección de AH se efectuó en el bermellón de la cara anterior, lejos del trayecto de la arteria labial superior.

La nodulación se atribuyó a una acumulación localizada de AH concentrado en un punto compartimental, que generaba una distensión del labio en esa área. En consecuencia, se decidió la aplicación de hialuronidasa local con la finalidad de disolver el nódulo. Previamente al tratamiento se realizó una prueba para descartar una posible alergia a este producto. Se administraron 3 unidades internacionales (UI) de hialuronidasa (Hyaluronidase, Wockhardt UK Ltd, Wrexham, Reino Unido), de forma intradérmica en la cara anterior del antebrazo izquierdo, con resultado negativo tras un período de observación de 30 minutos.

Para proceder con el tratamiento, se preparó una solución de hialuronidasa utilizando 1500 UI diluidas en 3 ml de solución salina fisiológica, distribuyendo una concentración de 500 UI en jeringas de 1 ml. Posteriormente, se administraron varias dosis de 50 UI en distintos puntos del nódulo, hasta alcanzar un total de 150 UI, con el objetivo de reducir la concentración de AH en el compartimento afectado (Figura 2). Adicionalmente, y para disminuir el proceso inflamatorio, se prescribió un corticoide oral por 4 días (Urbason® 4 mg, Fidia Famaceutici, Italia) en dosis únicas decrecientes, comenzando por 8 mg y terminando con 2 el cuarto día. También se recomendó la aplicación de frío local a intervalos de 3‑4 horas después del tratamiento con hialuronidasa.


La paciente fue reevaluada al día siguiente mostrando claros signos de disminución del nódulo, el edema y la coloración; por lo que no se consideró necesario administrar más hialuronidasa (Figura 3). En la cita de control a los 14 días se confirmó que la resolución del nódulo y signos acompañantes fueron completos (Figura 4).
Discusión
Los nódulos inflamatorios tras la infiltración de AH son complicaciones poco frecuentes, pero generan una notable ansiedad en el paciente y suponen un reto diagnóstico. En medicina estética, donde los pacientes son individuos sanos que buscan una mejoría voluntaria de su apariencia, cualquier efecto adverso adquiere una relevancia especial, ya que la gestión de expectativas y la valoración del balance beneficio-riesgo se vuelve más compleja8. Este caso ilustra la importancia de reconocer precozmente estas complicaciones y de establecer un abordaje diagnóstico y terapéutico adecuado.
La literatura distingue entre nódulos inflamatorios “verdaderos” y los nódulos “por depósito”, diferenciación que resulta esencial para orientar el tratamiento. Los primeros incluyen aquellos derivados de mecanismos inmunológicos o infecciosos, como las reacciones de hipersensibilidad retardada III o IV, las infecciones subclínicas, o la formación de biofilm4,9,10. Estos procesos se manifiestan mediante inflamación persistente, granulomas, o reacciones crónicas, y suelen tener una evolución más tórpida (Tabla I). Por el contrario, los nódulos por depósito se relacionan con factores mecánicos o técnicos, como una distribución irregular del producto o exceso de volumen, pudiendo ser relevantes las características reológicas del AH utilizado9,11. Se sabe que el AH de alto peso molecular tiende a ser antiinflamatorio, mientras que el de bajo peso molecular puede favorecer la inflamación; asimismo, técnicas que concentran mayor cantidad de producto en un compartimento cerrado aumentan el riesgo de nodulación4,9. La profundidad de la inyección y la anatomía de la zona tratada también influyen; las infiltraciones más superficiales, cómo las del labio, que a su mismo es un área móvil, son más susceptibles para desarrollar un nódulo12.

En el caso presentado, la ausencia de signos clínicos de infección, como dolor, calor local, fiebre o supuración, junto con la consistencia firme y la localización puntual del nódulo, orientaron hacia una acumulación compartimental de AH más que a un proceso inflamatorio inmunológico o infeccioso. La evolución clínica también apoyó esta interpretación, ya que se produjo rápida mejoría tras la administración de hialuronidasa. Este razonamiento diagnóstico permitió evitar intervenciones innecesarias, como el uso de antibióticos o procedimientos invasivos, y facilitó un abordaje más conservador y eficaz.
El tratamiento instaurado se ajustó a las recomendaciones actuales de la literatura, que señalan la hialuronidasa como el método de elección en nódulos asociados a AH4,10. En nódulos localizados, se aconseja emplear dosis bajas y valorar la repetición del tratamiento si la respuesta inicial no es suficiente6. La combinación con un corticoide oral constituye una estrategia razonable para modular la inflamación y favorecer la resolución del cuadro. En este caso, la respuesta clínica fue rápida y completa, lo que refuerza la hipótesis de un nódulo por depósito.
Este caso aporta varias lecciones relevantes para la práctica clínica; subraya la importancia de una técnica de inyección precisa, especialmente en áreas anatómicamente móviles como los labios, donde pequeñas variaciones en la profundidad o el volumen pueden generar acumulaciones indeseadas. Destaca también la necesidad de conocer las propiedades reológicas del producto utilizado, ya que estas influyen directamente en su comportamiento tisular y en el riesgo de complicaciones. Asimismo, pone de manifiesto el valor de identificar precozmente los signos de nodulación y de actuar de manera conservadora pero eficaz, evitando tratamientos excesivos y favoreciendo una resolución rápida. Entre las limitaciones cabría considerar la falta de estudio ecográfica, tanto como soporte diagnóstico y verificación de la localización precisa de las inyecciones de hialuronidasa.
Conclusiones
Este caso destaca la importancia de identificación precisa del nódulo inflamatorio, junto con el uso adecuado de hialuronidasa y medidas complementarias, como la prescripción de corticosteroides y frío local. Esta combinación permitió una resolución exitosa sin complicaciones adicionales. Además, subraya la relevancia de la prevención a través de técnicas de inyección adecuadas, selección cuidadosa de pacientes y seguimiento postprocedimiento riguroso. En casos dudosos, el empleo de la ecografía permite verificar la localización de nódulos y la precisión de las inyecciones de hialuronidasa. Se recomienda efectuar evaluación clínica detallada y realizar tratamiento personalizado para optimizar los resultados y garantizar la seguridad del paciente.
Declaración
La autora manifiesta no tener ningún tipo de conflicto de intereses.
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