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El rostro: Componente vital de la personalidad

24 de Agosto de 2018
Medscape.com

Sin duda alguna el rostro es un componente vital en el desarrollo de la personalidad y la imagen corporal. A lo largo del tiempo nuestro rostro va cambiando sin que lo notemos; la situación contraria solo se da tras observar registros gráficos de nuestras facciones en imágenes pasadas.

La mente se va adaptando a los cambios discretos que ocurren en el rostro, sin embargo, la aparición de grandes cambios exige procesos que pueden ocasionar que la adaptación no se logre o que genere un trastorno.

Tras observar la evolución a lo largo de un par de años de los trasplantes faciales, una oportunidad más aparece para conocer la integración del rostro a la personalidad y el estudio de los fenómenos cognitivos que ocurren tras esta. Un reportaje reciente de National Geographic presenta la historia a lo largo de los años de una mujer que, tras desfigurarse en un fallido intento suicida, tiempo después tiene la oportunidad de recuperar un rostro.

La cara es nuestra identificación

Gran número de variables interviene en la recuperación posterior a un trauma facial adquirido. Estas van desde problemas de la imagen corporal, hasta estrés postraumático, depresión y ansiedad. El nivel de disfunción que genera este tipo de lesiones será directamente proporcional a la capacidad de adaptación y en gran parte afectará la vida social y, en general, la calidad de la vida del individuo. La cirugía en un trabajo multidisciplinario podría significar también la oportunidad de reconstruir en forma distinta la personalidad, la socialización y la vida familiar. Después de conservar la vida y la función, se busca la estética.

El rostro nos da reconocimiento. Vivir con un cambio grave en este es una tarea desafiante. En este proceso adaptativo intervendrán múltiples elementos difíciles de predecir. Más de una cuarta parte de pacientes que presentan trauma facial puede desarrollar trastorno por estrés postraumático o depresión, situaciones que de no atenderse, generarán secuelas más allá de la función. El objetivo de la cirugía implica no solo restituir la función en términos plásticos: Es restituir la mayor cantidad de calidad de vida al paciente. Las habilidades quirúrgicas apoyadas en una variedad de intervenciones destinadas a favorecer las condiciones sociales y psicológicas que lleven a la adecuada adaptación, prevendrán complicaciones psiquiátricas en pacientes que han presentado desfiguración facial adquirida.

Procedimiento interdisciplinario

El trabajo interdisciplinario se convierte en una herramienta importante en la que el equipo puede mejorar el proceso de rehabilitación psicosocial posterior a trauma facial adquirido en los pacientes. Enfocar en forma propositiva estas posibles secuelas debe ser parte cotidiana de la evaluación posquirúrgica para determinar cómo se está presentando la evolución de la adaptación en todos los niveles. De no ser abordados, limitarán o complicarán el éxito de las intervenciones, quedando de manifiesto que el riesgo no solo va más allá de la tentativa suicida, el suicidio o la muerte por complicación directa, sino que, a lo largo, la presencia de una enfermedad mental crónica siempre es un factor de riesgo para la disminución de la calidad de vida del paciente y su entorno.

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