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La contaminación electromagnética, nuevo desafío sanitario del siglo XXI

8 de Marzo de 2017
IMmedicohospitalario.es

En los últimos años, el crecimiento de los campos electromagnéticos, originados por una gran variedad de dispositivos electrónicos, ha aumentado a una gran velocidad, cosa que podría tener graves consecuencias para la salud. A pesar de que todavía no está clara está relación, ya que no hay estudios científicos concluyentes sobre los efectos negativos que pueden tener las radiaciones sobre nuestro cuerpo, los expertos consideran que se deberían tomar medidas preventivas. Según José Antonio Morán, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC, “hay sospechas de que algunas radiaciones pueden tener efectos nocivos”. Morán añade que así como hay radiaciones que contribuyen a la recuperación de tejidos, hay otras que pueden ser perjudiciales.  

El profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, Diego Redolar, es del mismo parecer. Redolar comenta que a través de experimentos controlados se ha visto que la estimulación magnética puede llegar a modificar el funcionamiento del cerebro. A pesar de ello, Redolar añade que “no se puede afirmar que debido a las radiaciones que recibimos haya un aumento de tumores cerebrales”, porque no hay estudios científicos que lo corroboren. Estos experimentos se hacen con estimulaciones muy fuertes que no corresponden con las que estamos expuestos en el día. Pero Redolar alerta que sí se debe tener en cuenta porque, aunque no recibimos radiaciones tan intensas, sí que recibimos de muchas fuentes diferentes.

Por todo ello, el Consejo de Europa ha instado a organismos independientes a hacer estudios para averiguarlo y la Organización Mundial de la Salud también se ha puesto manos a la obra.

En 2011 el Consejo de Europa aprobó una resolución sobre los peligros potenciales de la contaminación electromagnética y sus efectos en la que admite que esperar a que los estudios lo constaten puede tener costes sanitarios y económicos muy elevados, similares a los casos del amianto y la gasolina con plomo. En esta resolución recomienda tomar medidas preventivas y aplicar el principio de precaución, es decir, cuanto menos expuestos estemos a radiaciones mejor.

¿Qué podemos hacer en nuestro día a día para evitar las radiaciones?

Aunque no le da categoría de enfermedad porque no hay evidencias claras, la Organización Mundial de la Salud empieza a reconocer la hipersensibilidad electromagnética. Los síntomas pueden ser muy variados: picores, dolor de cabeza, cansancio crónico, insomnio, ansiedad, depresión, dificultad para concentrarse...

Recomendaciones para no estar tan expuestos:

  • Apagar el wifi cuando no se usa, sobre todo de noche. Cuando dormimos, nuestro sistema biológico trabaja en mínimos y la contaminación nos afecta más. Tampoco es conveniente dormir con la cabeza cerca de campos magnéticos.
  • Parar el móvil por la noche y no mantener conversaciones largas. Evitar tener mucho rato el móvil pegado al cerebro y al conducto auditivo, una apertura que facilita la entrada de las ondas. Si hay que hablar mucho por teléfono, es mejor usar auriculares o teléfono con cable.
  • No usar wifi para hacer descarga de datos, especialmente para mirar la televisión por internet (streaming). Muchas compañías en vez de cablear toda la casa para hacer llegar la conexión al televisor, lo que hacen es instalarte aparatos inalámbricos. Morán advierte que “mientras no hay ningún dispositivo conectado a la wifi, prácticamente no emite radiaciones, pero cuando descargas, circulan muchos datos y genera una radiación constante”.
  • Usar teléfonos de cable. Ahora bien, si en casa tenemos teléfonos inalámbricos, Morán recomienda que sean Eco Tech, que solo transmiten cuando hay conversación; en cambio, los que no son Eco, emiten más radiaciones que los móviles.
  • Con los niños hay que tener más precaución. Su sistema biológico está en formación y hay que evitarlo tanto como sea posible.
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