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El TCA no es un 'capricho de niñas'

8 de Octubre de 2012
DiarioMedico.com

 Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son patologías mentales con repercusión física de etiología multifactorial y casi exclusivos de la población femenina en una proporción de 9 mujeres por cada varón. La prevalencia es del 1 por ciento de anorexia nerviosa restrictiva y entre 3-5 de bulimia. "Los hombres muestran más preocupación estética con un perfil más vigoréxico y se centran en hábitos saludables. Suelen ser trastornos complicados asociados con otros de personalidad", ha explicado a DM Marina Díaz Marsá, responsable de la Unidad de TCA del Instituto de Psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Puesto que uno de los criterios diagnósticos en la anorexia es la amenorrea, la detección en varones se complica. Montserrat Graell, del Hospital Niño Jesús de Madrid y presidenta de la Sociedad Española de Trastornos de la Conducta Alimentaria, ha añadido que la amenorrea eleva la probabilidad de "desarrollar osteoporosis precoz y fracturas. No obstante, este riesgo se da no sólo en mujeres, sino también en hombres".

 Según Díaz, "son trastornos graves que requieren un tratamiento largo y no caprichos de niñas jóvenes. Deben tener un seguimiento mínimo de cinco años, ya que ante situaciones de estrés -como divorcios o tras un embarazo-, pueden recaer en conductas anómalas de alimentación". La tasa de remisión total es del 65 por ciento en bulimia y del 45 en la anorexia. En ésta, un 30 por ciento se recupera parcialmente, y un 20 por ciento se cronifica. "La influencia social está ahí, pero la enfermedad no sólo se desarrolla por eso, sino que hay que asociarle una predisposición biológica individual y, muchas veces, conflictos psicológicos y familiares".

La paciente anoréxica es perfeccionista, rígida, obsesiva, con un alto rendimiento académico pero sin habilidades sociales para afrontar la madurez o proyectos vitales, mientras que la bulímica muestra inestabilidad afectiva y comorbilidad con otras conductas impulsivas, ha dicho Díaz.

Modalidades clínicas

En ambas predomina la fobia a ganar peso, un ideal de cuerpo perfecto y delgado que termina por poner en peligro su vida. Sin embargo, las complicaciones médicas no suelen ser causa de la mortalidad, no frecuente pero posible, de los TCA, sino los trastornos psiquiátricos.

Aunque todos los TCA empiezan con una dieta, la persona anoréxica consigue iniciarla y perseverar en ella, mientras que en la bulímica el ansia por la comida es más fuerte y lleva a romper la dieta, con un sentimiento de vergüenza y desesperación que les impele a deshacerse de lo ingerido.

Entre las modalidades clínicas quizá las más llamativas sean la drunkorexia, la diabulimia y la anorexia por ejercicio, cada vez más frecuente en adultos entre 30 y 45 años. "Aunque descrita hace muchos años, se ha dado un repunte en nuestra sociedad". Aparece mayoritariamente en mujeres, pero también en hombres con buena posición social y rasgos obsesivos compulsivos "que comienzan a hacer un exceso de ejercicio con una alimentación escasa y muy selectiva, evitando hidratos de carbono, grasas...", ha señalado Graell. Se consideran hipersanos y no tienen conciencia de enfermedad, lo que dificulta su detección. La dependencia y obsesión por el ejercicio y los déficits nutricionales terminan por sacar la patología a la superficie.

Por su parte, la diabulimia aparece en niñas con diabetes tipo 1 que modifican la dosis de insulina para perder peso. "Sólo por ser diabético y chica hay un riesgo de padecer un TCA entre 4 y 5 veces más alto. Se considera que es un facilitador del trastorno", ha dicho Graell. Por ello, en el Niño Jesús, realizan grupos de educación con diabetes para ayudarles a aceptar y manejar la patología. "En la infancia es más fácil que manejen su tratamiento, pero al entrar en la adolescencia no respetar las normas es una forma de rebeldía. A veces, en vez de desarrollar una anorexia restrictiva, aparece una bulimia, donde comen en grandes cantidades, transgreden horarios, beben alcohol...".

La drunkorexia consiste en sustituir las calorías de la alimentación por alcohol. Según Graell, este consumo y el de tóxicos puede ser una forma evolutiva del trastorno, y convertirse en una complicación añadida, que podría ser transitoria para volver a la clínica habitual de restricción o atracón. "En una bulimia que debuta en la adolescencia, si el tratamiento no tiene éxito se añaden problemas de impulsividad, de consumo de alcohol y drogas, de conductas cleptómanas, sexuales, autolesivas... Algunos de estos pacientes complejos terminan por presentar anomalías de la personalidad".

Además, cada vez se registran más casos completos en edades prepuberales -entre los 10 y los 12 años- que requieren intervenciones rápidas y directas, y se relacionan con problemas del estado de ánimo que se expresan corporalmente.

Abordaje nutricional

Desde hace cuatro años un equipo multidisciplinar y experimentado de la Unidad de TCA del Hospital Ramón y Cajal se hace cargo de las pacientes ingresadas. Isabel Zamarrón, endocrinóloga, ha explicado que en este abordaje se cuenta con la ventaja de que la paciente ha aceptado su patología y quiere curarse. Por eso se le muestran los resultados de su estudio nutricional: "Primero deben darse cuenta de hasta dónde ha llegado el grado de deterioro físico, orgánico y biológico sin que tuvieran conciencia de ello. Después se les hace un estudio de gasto energético basal" para qué conozcan cómo deben alimentarse, además de realizar terapia familiar sobre nutrición. Una vez que interiorizan los conceptos, es más fácil enseñarles hábitos saludables.

Terapia familiar y de pareja

Hacer entender a las familias que no son culpables de la aparición de TCA en uno de sus miembros, pero que sí pueden ser parte de la solución y que, desde luego, deben ser parte activa del tratamiento, es una de las líneas de acción de la Unidad de TCA del Hospital Universitario de Móstoles. Desde 2008 el centro ha tejido un complejo sistema de asistencia ambulatoria que incluye atención individual y grupal. Puesto que el rango de edad de las pacientes va de los 18 a los 60 años -entre 45 y 60 hay ahora 6-, la terapia en grupo puede realizarse sólo con pacientes, con ellas y sus familiares o con sus parejas. Según Juan José Frutos, psiquiatra de la unidad, "el grupo, pionero en el mundo, realiza un trabajo piscoterapéutico con las parejas de los pacientes, que suelen tener más influencia que el resto de la familia. En pacientes adultos con un núcleo familiar formado se crean otro tipo de relaciones, que influyen en la patología" y que hay que abordar para favorecer la recuperación. El mismo patrón se sigue cuando los integrantes del grupo son los padres, para lograr una mayor implicación en la terapia y frenar conductas que pueden influir en la patología. Les explicamos que los TCA no son exclusivos de su hija, sino que a veces indican un mal funcionamiento del grupo familiar, y les apoyamos para evitar en todo lo posible los sentimientos de culpa", ha dicho Berta Ríos, jefe del Servicio de Psiquiatría. De Frutos e Isabel Bernal, psicólogo de la unidad, han plasmado este modus operandi en el manual para educar a los padres, y dirigido a profesionales, que han publicado on-line ¿Qué le está pasando a mi hija?, y que ha alcanzado el puesto número 2 de libros gratuitos del iTunes Store en Psicología. La terapia grupal es una de las líneas de investigación del centro, al igual que el uso de telemedicina para realizar las revisiones de los pacientes al alta, y el registro en vídeo de las conductas alimentarias en el comedor terapéutico para su afrontamiento. Allí es la endocrinólogo quien pauta los menús y una vez a la semana "se realizan comidas terapéuticas en un restaurante para que la paciente elija su propio menú y pierda la fobia a comer en público", ha dicho Ríos.

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