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Cirugía estética del esqueleto facial

Dr. Federico Hernández Alfaro. Instituto Maxilo Facial. Clínica Teknon

Podríamos denominar deformidades maxilofaciales a un buen número de alteraciones estructurales que se caracterizan por involucrar a distintos elementos del esqueleto facial. De una manera genérica, podemos dividirlas en dos grandes grupos: congénitas y adquiridas.

En el grupo de las congénitas, tendríamos aquellas alteraciones que ya están presentes en el individuo en el momento del nacimiento. La más frecuente en este primer grupo es la llamada fisura labiopalatina, provocada por la fusión incompleta de las dos hemimaxilas y hemilabios durante el desarrollo intrauterino. Otras menos frecuentes pero dignas de mención, serían las llamadas disostosis craneofaciales, provocadas por la fusión prematura de diversas estructuras del esqueleto craneofacial. Entre estas vale la pena destacar por su frecuencia a los síndromes de Crouzon y de Apert.

En el apartado de las deformidades maxilofaciales adquiridas, podemos distinguir cuatro grupos diferentes en función de su etiología. Las deformidades como consecuencia de traumatismos faciales son alteraciones que aparecen en un momento determinado de la biografía del individuo. Este tipo de alteraciones han disminuido en frecuencia en Occidente, gracias al uso obligatorio del casco y del cinturón de seguridad. El segundo grupo de deformidades adquiridas, serían las de origen tumoral. Distintos tipos de neoplasias condicionan patrones malformativos variados, y la cirugía demolitiva asociada necesariamente al tratamiento de muchos de estos tumores, aún provoca ulteriores malformaciones cuya reconstrucción se recoge bajo el epígrafe de cirugía reconstructiva maxilofacial.

El tercer grupo de las deformidades maxilofaciales adquiridas lo integran las llamadas anomalías del desarrollo. Están provocadas por el desarrollo insuficiente o excesivo de uno o varios elementos del esqueleto facial. Esta alteración del esqueleto se instaura durante la infancia, y se acentúa durante todo el periodo en que persiste crecimiento craneofacial (18-20 años en función del sexo) (Behrents 1985). La disarmonía en el crecimiento de las partes esqueléticas durante el desarrollo condiciona discrepancias óseas cada vez mayores provocadas por el hecho de que una parte del esqueleto sufre un exceso o déficit de crecimiento, mientras el resto sufren un desarrollo normal. Cuando estas anomalías del desarrollo afectan a maxilar y/o mandíbula, es fácil deducir, que la alteración facial más o menos importante irá acompañada de una alteración oclusal.

Finalmente contemplamos un pequeño grupo de deformidades maxilofaciales adquiridas, provocadas por la atrofia de los maxilares secundaria al edentulismo. La pérdida precoz de piezas provoca a medio plazo y como consecuencia de la ley de Wolf (Del Rio y col 2001) una atrofia progresiva de las bases esqueléticas –fundamentalmente del maxilar-, que eventualmente condiciona también una alteración en la armonía facial.

Nota: El artículo completo se encuentra disponible en el número 15 de la
revista Medicina Estética, que puede descargarse desde el área de socios.
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